CENTINELAS DE DIOSEn el mundo de la antigüedad los centinelas eran gente de gran
importancia. Mantenían la seguridad de las comunidades y su
deber era alertarles sobre cualquier peligro o ataque inminente.
Antes de que hubiera cerrojos, sistemas de alarma y seguridad,
los centinelas eran los protectores, la medida de seguridad. Así
que cuando hoy el Señor le encarga a Ezequiel ser centinela, es
un cargo de peso. Tan pesado, se nos hace conocer, que si
Ezequiel falla y no da la voz de alarma a los que le rodean y
ellos mueren en estado de maldad, ¡Ezequiel será el responsable!
Este profundo vínculo entre la voluntad de Dios en la tierra y
en el cielo se repite en el Evangelio de hoy, donde Jesús nos
instruye que tenemos que ser la fuerza de seguridad, los
centinelas colocados en estado de alerta para que en ninguna
parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, haya dos miembros del
único Cuerpo que no estén reconciliados. La Sagrada Escritura
nos dice que Jesús reconcilió todas las cosas en el cielo y en
la tierra mediante la sangre de su cruz. Pero se nos da la
misión de continuar esa reconciliación en la tierra por medio de
nuestros incesantes esfuerzos de ser, como escribiera Pablo,
embajadores de reconciliación. No nos quedemos muy cómodos
pensando que nuestra única responsabilidad es mantenernos fuera
del camino de la maldad y la discordia. También hemos de
responder por la vida de los miembros de Cristo que nos rodean.
© Copyright, J.
S. Paluch Co.
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